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Demencia en estadio avanzado

Demencia en estadio avanzadoActualmente, la mayoría de personas que padecen una demencia llegan a estadios avanzados y en muchos casos requieren institucionalización.

En la demencia terminal, los signos de deterioro cognitivo son graves y existe afasia con limitación grave del lenguaje (< 6 palabras), incapacidad para el baño y aseo, incapacidad para reconocer miembros de la familia, e incapacidad motriz y del tono muscular. El paciente pasa la mayor parte del tiempo encamado o en una cama-silla, hay incapacidad para mantenerse sentado o para sostener la cabeza). Existe dificultad para tragar los alimentos o negativismo para comer.

La enfermedad de Alzheimer en fase avanzada se ha definido como alteración cognitiva con test minimental < 10 y un estadio 6 o 7 en GDS o FAST.

Los instrumentos de valoración han de basarse en las funciones cognitivas que persisten, y por ello deben ser sencillos, con preguntas comprensibles y que permiten habitualmente algunas ayudas. Existen instrumentos para medir los aspectos cognitivos y se utiliza habitualmente el inventario neuropsiquiátrico para los aspectos conductuales.

A menudo, los tests neuropsicológicos no están adaptados a una población de edad avanzada y la mayoría se dirigen a sujetos alfabetizados y de cultura urbana. Una duración excesiva de los tests condiciona cansancio y suele haber lentitud en realizar las pruebas por parte de ancianos con falta de motivación y falta de comprensión del objetivo del test.

Las neumonías, cuadros febriles o problemas en la ingesta constituyen complicaciones frecuentes del paciente con demencia avanzada y se asocian con elevada mortalidad a los seis meses.

Algunos estudios ponen de relieve la práctica de intervenciones de dudoso beneficio para la calidad de vida del paciente en los estadios más avanzados. Un buen conocimiento del pronóstico por parte de los cuidadores principales del paciente y de los profesionales que lo atienden disminuye este tipo de intervenciones.

Pese a ello, algunas veces podemos plantearnos intervenciones con la finalidad de mejorar la calidad de vida del paciente, como puede ser hospitalización en caso de fractura o bien determinados tratamientos.

En la toma de decisiones es fundamental considerar el grado de evolución de la enfermedad, la opinión previa del enfermo si ésta ha podido recogerse (testamento vital, voluntades anticipadas…), la propia actitud del paciente ante los cuidados la del personal sanitario que permanece más horas con él, el grado de control sintomático y confort que se puede conseguir, la opinión de la familia, y también deberán siempre evitarse juicios subjetivos en relación a la calidad de vida.

En lo que se refiere al tratamiento farmacológico siempre deberíamos preguntarnos: si instauramos un tratamiento, ¿habrá cambios importantes en la situación mental o física respecto a la basal? ¿mejorará la calidad de vida del paciente?.

No debemos olvidar el abordaje de los síntomas neuropsiquiátricos del paciente con demencia avanzada con estrategias no farmacológicas.

Jorge Martínez Salvador, Clínica Lartigau

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